A veces, cuando vemos a esas parejas mayores de 50, 60, 70... , nos preguntamos a nosotros mismos, qué es lo que realmente prevalece en tan veteranas parejas después de tantos y tantos años juntos, ¿el amor... o la rutina?
Muchas parejas mayores plantean su deseo de que, al fallecer uno de ellos, su esposo o esposa mantenga el patrimonio, sin obligación de repartirlo con los herederos legales. Qué puede hacerse en este caso
Una vieja receta de la magia gitana recomienda este pequeño ritual: los días 10 y 20 de cada mes, elegir una fragante manzana roja –que no muestre ningún defecto en su piel–, darle un mordiscón y tragar el trozo entero, sin masticarlo; luego, con una cinta blanca, atar una foto de la persona amada a la manzana, envolver todo en papel blanco y dejarlo al pie de un árbol frondoso. Se asegura que este hechizo aleja la infidelidad.
Familias inquebrantables, matrimonios para la eternidad, hogares indisolubles... los antiguos vínculos que determinaban la vida del ser humano llevan camino de extinguirse en la posmodernidad. Establecer lazos con el prójimo depende ahora únicamente del propio esfuerzo.
Es el precio de la libertad, de andar suelto: lograr ese equilibrio imposible entre el impulso de estrechar lazos, pero manteniéndolos flojos para poder desanudarlos antes de que sean una carga o limiten severamente la libertad necesaria para... ¡exacto!, relacionarse.
En este mundo de rampante individualidad, las relaciones son una bendición a medias, afirma el sociólogo Zygmunt Bauman en Amor líquido; acerca de la fragilidad de los vínculos humanos.
Superan con mayor madurez y eficiencia los conflictos, pero pueden caer ante el enemigo del aburrimiento. Sus integrantes son más independientes, pero pueden repetir errores del pasado. Si deseas saber más características de las parejas mayores de 50, no deje de leer el siguiente artículo